Hasta un 40% de las organizaciones han reportado “altos impactos” en su trabajo, según encuestas hechas por la Coalición para la Eliminación Global de la Hepatitis y otros grupos que alertan sobre el riesgo de un repunte de casos y de graves enfermedades hepáticas
Los recortes a la ayuda exterior ordenados por el Gobierno de Estados Unidos han dejado a su paso estragos en la lucha contra la hepatitis en África. Desde el cierre de clínicas dedicadas a la atención de la hepatitis B y C y el despido de miles de auxiliares que aplicaban pruebas de diagnóstico gratuitas hasta interrupciones en el suministro de medicamentos. El impacto para los 72,5 millones de pacientes de hepatitis B y hepatitis C que hay en África es difícil de cuantificar con precisión porque la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) y otras instituciones no asignaban un presupuesto específico para la lucha contra estas enfermedades. Estos recursos, no obstante, llegaban a las organizaciones a través de los programas relacionados con el VIH, porque ambas afecciones se transmiten por vía sanguínea y sexual.
Por tanto, cuando la administración de Donald Trump suspendió USAID y pausó temporalmente el Plan de Emergencia del Presidente de EE UU para el Alivio del Sida (Pepfar), también causó “altos impactos” en hasta un 40% de las organizaciones dedicadas a luchar contra la hepatitis, según una encuesta hecha por la Coalición para la Eliminación Global de la Hepatitis (CGHE, por sus siglas en inglés), la Alianza Mundial contra la Hepatitis (WHA) y el equipo del Laboratorio para la Eliminación de la Hepatitis (Plan-B). Los principales hallazgos han sido publicados en una columna en The Lancet a última hora de este martes.






