Paco Azorín inunda el Auditorio Adán Martín en su adaptación escénica de la partitura del compositor brasileño, que llega a España con siete décadas de retraso de la mano del director Luiz Fernando Malheiro

Heitor Villa-Lobos descubrió a Lorca en Nueva York. Fueron sus amigos Hugh Ross y John Blankenship, dos figuras muy influyentes en la vida musical estadounidense, quienes le propusieron escribir una ópera de “alcance universal” a partir de Yerma. Contaban incluso con la complicidad del poeta Alastair Reid para adaptar el libreto al inglés, pero cuando el compositor brasileño leyó la obra en 1955 —en la recién publicada edición de Aguilar que prologó Jorge Guillén— se negó en rotundo a tocar una sola coma. “Todo en

>Yerma es música”, dijo entonces. “Poco puede aportar la traducción más fiel a un texto que contiene ya su propia melodía”. Y, sin esperar una respuesta en firme de sus mecenas, se puso a trabajar de manera febril, casi atropellada, en una partitura que se busca a sí misma en la sonoridad del drama lorquiano. Solo cuando salió del trance, Villa-Lobos reparó en que nadie, tampoco él mismo, se había tomado la molestia de gestionar los derechos de la obra original.

Esa es la principal razón por la que Yerma, que pasó a ser de dominio público en 2017, se estrena ahora en España con casi siete décadas de retraso. Pero no la única. “Hablamos de una ópera tremendamente compleja, con casi 20 solistas, lo que requiere de una gran artillería escénica”, cuenta Paco Azorín, director del montaje que eleva el telón este martes en el Auditorio de Tenerife Adán Martín, en una coproducción con el Teatro de la Zarzuela y los Festivales de Ópera del Amazonas, en Manaos, y de Belém, en Pará. En el exigente papel protagonista se alternarán las sopranos Berna Perles y María Miró, al frente de un reparto en el que figuran el tenor Alejandro Roy (como Juan), el barítono Javier Castañeda (Víctor) y las mezzos María José Montiel (Dolores) y Anna Gomà (María). “Más que presión ante el esperado estreno escénico de Yerma en Europa, siento el entusiasmo de poder saldar una deuda histórica del repertorio lírico”, celebra Azorín.