El Teatro Real estrena con éxito su ópera ‘Enemigo del pueblo’, mientras la Fundación March le dedica un amplio monográfico que se abre con el estreno mundial de ‘Sefarad’ y culmina con su magistral ‘Cuarteto de cuerda’
“Hoy en día, o eres ecléctico o no eres nada”, le espetó a Richard Taruskin un estudiante de Princeton a propósito de la composición contemporánea. El musicólogo estadounidense evocaba esa frase en 1999, al inicio de un artículo en The New York Times, para explicar su admiración por el compositor británico
ica-y-opera.html" rel="" data-link-track-dtm="">Thomas Adès, quien, con apenas 28 años —según sostenía—, había acudido “al rescate del modernismo” con su primera ópera, Powder Her Face, y con la obra orquestal Asyla.
Taruskinlo definía como “surrealista”, una etiqueta destinada a situarlo tanto fuera del academicismo posvanguardista como al margen de cualquier tentación neoconservadora. Se trata de un compositor que trabaja con materiales sonoros reconocibles, que deforma desde dentro y vuelve extraños sin romper del todo su identidad. El resultado es una música de impacto inmediato, capaz de seducir en la primera escucha y, al mismo tiempo, de revelar una sofisticación técnica minuciosa.






