Era cuestión de tiempo que LaLiga terminase pasando por un control de aduanas, y era evidente que el destino iba a tener faraónicos rascacielos y una tradición futbolística impúber

Era cuestión de tiempo que LaLiga terminase pasando por un control de aduanas. Y era evidente que el destino iba a tener faraónicos rascacielos y una tradición futbolística impúber, porque en los lugares en los que se mueve más dinero el fútbol todavía es un adolescente escuálido con pelusilla en el bigote.

“¿Motivo del viaje?”, preguntarán en el control del aeropuerto de Miami. “¿Ocio? ¿Negocios?” A ver quién se atreve a responder que fútbol local.

¿En qué momento dejó de pertenecernos nuestra propia liga nacional? Supongo que el 6 de octubre de 2025, el día que la UEFA emitió un comunicado en el que manifestaba su oposición a que los partidos de liga nacionales se jugasen en el extranjero, aunque se opuso como ese trabajador de seguridad que cachea a las personas sin llegar a tocarlas. Con oposición homeopática, la UEFA permitía de “forma excepcional” que el Milan y el Como jueguen un partido de la Serie A en Perth, Australia, a tan solo 20 horas en avión de los aficionados locales. Y también permitía que, en diciembre, se inaugurase esta nueva era del fútbol deslocalizado con el Villarreal-Barca en Miami. Bastante más a mano que Australia, todo hay que decirlo.