Más allá de una posible similitud fonética, la multitarea, el estrés y la forma en la que el cerebro almacena la información generan este tipo de lapsus mentales
“¡Juan, digo, Julián, ponte la mochila!”. Esta confusión entre los nombres de los hijos es algo cotidiano en la crianza. Y es que, algunas veces, al pronunciarlos de memoria, los padres y madres se equivocan de niño, algo que sale de forma natural y que se hace sin querer. Pero, ¿por qué los padres confunden los nombres de sus hijos? “Quizás,...
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si se repite en el tiempo, pudiera parecer un problema más serio, más que lo que suele ser: algo anecdótico o un simple reflejo de cómo nos organizamos mentalmente”, explica la psicóloga y psicopedagoga Jennifer Delgado Suárez.
“Para saber por qué pasa lo mejor es profundizar sobre cómo nuestro cerebro organiza la memoria, pues la información se clasifica normalmente en categorías que tienen relación entre sí; por ejemplo, conceptos como gato y perro están en la misma área de animales”, prosigue Delgado. “Entonces si se memoriza algo, ya sean conceptos, cosas o nombres propios, dicha información se incluye en la categoría que hemos construido en nuestra memoria. Los nombres, por ejemplo, los almacenamos dentro de diferentes categorías, como si fuera una agenda: amigos, conocidos, compañeros de trabajo, familia, hijos”, sostiene.






