A la salida de un colegio cualquiera, decenas de padres esperan a sus hijos. En una escena imaginaria, miras a los lados y ves a Ana, madre de Juan; a Sonia, madre de Lucas y Raquel; a Héctor, padre de Javier y Alicia; pero también al padre de Iván, a la madre de Sandra o a la de Eva. Sin embargo, de los últimos no sabes sus nombres. Ni ellos el tuyo. Para algunas personas, tu identidad se esconde detrás del nombre de tu hijo o hija. Solo eres “el padre de” o “la madre de”.

“La paternidad es de los cambios vitales más grandes que te ocurren en la vida adulta. Porque generan una crisis y el sentido del cambio que viene a alterar todas esas cuestiones que estaban firmes”, desarrolla Paula Gamallo, psicóloga clínica de Apai Psicólogos dedicada al área infantojuvenil y familia. “Lo más normal que puede pasar es que la paternidad represente una fuerte crisis de identidad y de personalidad porque hay un mundo de cambios. Y con la madre desde el momento uno: con esos cambios físicos, hormonales, fisiológicos que le van a generar una mayor sensibilidad. Y esto se va a ver repercutido en lo psicológico. Miedos nuevos, inseguridades nuevas que tienen que ver con no sentirse lo suficientemente buena para poderse hacer cargo de ese niño. Porque es una decisión de la que no hay vuelta atrás”, añade la experta.