El equipo de Flick paga la ausencia de Iñigo Martínez, aunque el principal problema de la zaga azulgrana es la falta de intensidad de los delanteros para presionar
De fecha FIFA en fecha FIFA, Hansi Flick se marcha al parón de selecciones con dudas, sobre todo fastidiado con su Barcelona, ya sea por exceso de egos o por escasez de fútbol. En septiembre, antes de que sus jugadores se desperdigaran por el mundo, el Barça empató frente al Rayo en Vallecas. Algo no funcionó en Madrid y el preparador creía tener la respuesta: “Los egos matan el éxito”, soltó, todavía en caliente en la sala de prensa del campo del Rayo, después de que Raphinha montara en cólera porque Lamine Yamal le había birlado el penalti, también irritado con, según explican fuentes del área deportiva, la poca (o nula) actitud de Dani Olmo para presionar. “El año pasado jugamos y trabajamos como equipo. He hablado de lo de hoy con los jugadores porque la mayoría se van con las selecciones. Y había que decirlo”, añadió Flick.
Cuentan los jugadores que estaban presentes en el vestuario de Vallecas que la bronca de Flick en el campo del Rayo había sido “brutal”. Más fuerte, incluso, que la que les soltó este domingo en el Sánchez Pizjuán después de un nuevo descalabro ante el Sevilla, una derrota que obligó a revisar el pasado: el Barça no perdía por tres goles en la Liga desde septiembre de 2015, también por 4-1 frente al Celta en Balaídos. “Esto es diferente”, se arrancó el preparador azulgrana para intentar explicar las dificultades del Barcelona en Vallecas respecto a la de Sevilla. “Hoy [por este domingo]”, prosiguió, “es cuestión de fútbol y de marcar goles; si los marcas, ganas. Hoy no lo hemos hecho. El resultado no es bueno, pero hay que tener la cabeza alta y seguir”.






