Un año después de tener que despachar a Gündogan para que al Barcelona le cuadraran las cuentas, de no saber si podía contar con Dani Olmo —no logró ser inscrito hasta la tercera jornada— y de comenzar su estreno oficial como entrenador azulgrana ante el Valencia sin ningún centrocampista titular —Casadó, Bernal y Ferran Torres—, Hansi Flick vuelve a tener un inicio de temporada tenso, esencialmente caótico. “Un tío como Hansi, que se siente cómodo en lo previsible, está en un club que le rompe constantemente los esquemas”, comenta un empleado del club. “Está un poco quisquilloso, puede ser, pero sigue diciendo que está feliz de estar en Barcelona”, rematan las mismas fuentes.
Este verano, Flick ha tenido que lidiar con el caso Ter Stegen, siempre más cerca de la postura del club que de la del jugador por sus diferencias emocionales: ambos alemanes, el entrenador es cercano y solidario; el portero, distante e individualista. Públicamente, sin embargo, Flick se mostró conciliador con Ter Stegen, perdedor en el pulso contra la directiva. “Lo más importante es que todos hablen. Marc y el club lo han hecho. Lo primordial es que esté de vuelta pronto y a su mejor nivel. Es un portero fantástico. Todos estamos de su lado”.







