Comunidades enteras denuncian que se ven obligadas a tomarse la justicia por su mano ante la inacción policial
El Alto Egipto, al sur del país, está siendo golpeado por el shabú, como se llama en algunas zonas a la metanfetamina cristalina, una droga altamente adictiva y cuyo abuso está asociado con comportamientos agresivos y violentos. “Algunos pueblos están completamente tomados por los traficantes”, advierte Gamal Taha, líder comunitario de Asiut a este diario. Fuentes de la Fiscalía egipcia confirman a EL PAÍS esta información y añaden que existen aldeas donde la policía ni siquiera puede entrar.
En Asuán, una de las provincias más afectadas, el 6,5% de la población consume narcóticos, lo que la sitúa en el sexto lugar nacional en consumo de drogas, según el Fondo de Control de Drogas y Tratamiento de Adicciones de Egipto. Pero las estadísticas apenas reflejan la magnitud de un fenómeno que, en la práctica, significa convivir a diario con armas, robos y violencia. “Los traficantes recorren las calles en coche, equipados con ametralladoras. Los drogadictos roban todo lo que pueden. Ningún hogar está a salvo ni de día ni de noche”, relata por teléfono un residente de Asuán, que pide el anonimato por miedo a represalias.






