Un informe de Europol advierte de que las redes delictivas responden al aumento de la demanda dentro de la UE con complejos métodos de envío
El aumento del tráfico de cocaína hacia Europa, impulsado por la alta producción en América Latina y la creciente demanda en la UE, ha llevado a las redes criminales a modificar sus métodos de transporte y camuflaje. Para eludir la presión policial y la vigilancia de grandes puertos como Amberes (Bélgica), Hamburgo (Alemania) o Róterdam (Países Bajos), utilizan naves semisumergibles. También trasladan en alta mar los cargamentos de droga de un buque a otro. Y para neutralizar el uso de escáneres, perros...
detectores y pruebas forenses, incorporan la droga a plásticos, textiles, cartón o alimentos. Esta evolución en sus prácticas figura en un informe publicado este martes por Europol, que advierte de la capacidad de adaptación de los narcotraficantes para adelantarse a los controles policiales y portuarios. Y de la necesidad de reforzar la cooperación internacional.
Bajo el título Evolución de las tácticas en las operaciones del tráfico marítimo de cocaína, el trabajo indica que el flujo hacia Europa sigue creciendo a “niveles sin precedentes”, y alertan de la capacidad de adaptación del crimen organizado. El impulso de la Alianza Europea de Puertos, una forma de cooperación público-privada lanzada en enero de 2024 para reforzarlos, ha reducido las incautaciones en Amberes, Hamburgo y Róterdam, pero Europol indica que el tráfico no desaparece. Se desplaza, y de ahí que hayan surgido los transbordos en alta mar de los cargamentos. Para ello, es necesaria la presencia de un buque nodriza llegado de América Latina que los traspasa a otro secundario frente a las costas de África Occidental. Una vez en tierra, la cocaína “es llevada al continente Europeo o a las Islas Canarias”, señala Europol.






