La dramaturga Angélica Liddell, galardonada con el Premio Nacional de Teatro 2025, construye en ‘Cuentos atados a la pata de un lobo’ tramas inverosímiles y juega con nuestro terror y nuestro asco: es su forma de embriagarnos y prima la clarividencia
Hace mucho tiempo, en un lugar lejano, existió un país cuyas gentes pasaron semanas debatiendo de manera incansable sobre si el acto de leer nos convertía en mejores o en peores personas. Lo que no sabían aquellos ciudadanos es que, mientras ellos vertían tinta estéril, un milagro raro y oscuro estaba a punto de acontecer sin permiso. As...
í, desde las vísceras calientes de una imprenta de su capital, envuelto en humos grisáceos y con un hedor a azufre impregnando su tipografía, nació el libro más diabólico que servidora haya leído jamás. El libro más atroz, acuchillante, y perverso que nuestra lengua haya visto, y uno que hace estallar por los aires cualquiera de las milongas bondadosas y cursis que los expertos quieran imponer a propósito de lo que debe o no debe ser la literatura. Esta obra del demonio, por supuesto, no podría ser otra que Cuentos atados a la pata de un lobo, el último libro de la dramaturga Angélica Liddell, publicado en el sello Malas Tierras.






