El número de trabajadores que instalan, desinstalan y arreglan los dispositivos son una de las cuestiones sobre las que diversos organismos han puesto el foco
“Álava, Rioja y Navarra: tenemos un único técnico, hay que revisar las tres provincias e intentar que la ruta sea la más adecuada. Turno de 07:30 a 15:30”. Esta es una de las líneas de una detallada comunicación que una responsable de Cometa ―el centro que se ocupa de las pulseras antimaltrato― envió el pasado mayo a supervisoras y personal de la sala de control con “aclaraciones y pautas” para coordinar el trabajo de los técnicos de campo, que son aquellos que se ocupan de instalar, desinstalar y arreglar los dispositivos de víctimas y agresores. Todas esas anotaciones están enfocadas a la organización, pero, sobre todo, a optimizar una plantilla que según personal cercano a Cometa “es objetivamente insuficiente”.
Las tres provincias de esa primera anotación no acumulan un alto número de dispositivos activos, 98 ―56 en Navarra, 11 en La Rioja y 31 en Álava, según los últimos datos de la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género―, pero es una cifra que tiene que cubrir una sola persona en un turno de siete y media de la mañana a tres y media de la tarde. Y en fin de semana, esos tres territorios comparten el único técnico de guardia disponible con otras dos provincias que suman 91 dispositivos más, Bizkaia (34) y Guipúzcoa (57).








