El arquitecto Álvaro Carrillo, con estudio en la ciudad andaluza pero también en Indonesia, firma esta vivienda unifamiliar con forma de cubo levantada a partir de ladrillo y hormigón
Rodeado de lo que parece un taller de manualidades, el arquitecto malagueño Álvaro Carrillo dibuja a lápiz sobre una mesa. A su alrededor las paredes están tapadas con fotos, ilustraciones, collages. También hay multitud de libros, herramientas de albañilería, ladrillos, un sofá repleto de objetos que no dejan hueco para sentarse y hasta una mesa de ping pong. Es su estudio de trabajo, que cuenta con ventanales que dan a una de las principales calles del centro de Málaga y cuyo suelo está tomado por maquetas, muchas maquetas. Los trazos que deja con el grafito sobre la madera se refieren precisamente a una de ell...
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as, la que de momento es su última obra terminada. Una vivienda unifamiliar a base de ladrillo, hormigón y vidrio cuya escalera ha entrado por el techo. Y donde la estética y los materiales han pesado igual que el escaso presupuesto de sus propietarios. El resultado es “casi como un extraterrestre” al compararla con el resto de inmuebles en la zona donde se ha levantado, como afirma el propio Carrillo sobre la Casa Nuez Moscada, construida con “súper muros” de termoarcilla con los que se consigue evitar la necesidad de calefacción en invierno y que el aire acondicionado apenas se use en verano.






