El país se juega la octava parte de sus exportaciones sin grandes opciones de encontrar compradores alternativos

No será un golpe mortal, pero sí sustancial. El fin temporal (y parcial) del acuerdo de asociación entre la Unión Europea, pendiente aún del visto bueno de los gobiernos de los Veintisiete, añadirá un elemento más de presión sobre una economía no precisamente boyante: tras el bum inicial —un patrón habitual en los países en guerra—, el país atraviesa un trance complicad...

o, con el crecimiento claramente a la baja y la deuda pública en aumento, dado el ingente gasto militar.

La pasada semana, y antes de dar marcha atrás con discreción ante las críticas políticas y empresariales, el primer ministro, Benjamín Netanyahu, defendió que Israel se convierta en una “superEsparta” en los próximos años y adopte “una economía con características autárquicas” porque atraviesa “una especie de aislamiento”.

De cristalizar la propuesta enviada por el Ejecutivo comunitario, que ya cuenta con el visto bueno de la Eurocámara, quedarían en el alero casi el 12% de las exportaciones israelíes, más de 5.800 millones de euros. Una represalia no menor por las atrocidades de su ejército en Gaza.