Los jóvenes se replantean qué comen y de dónde procede lo que consumen. Los empresarios capitalizan este interés, pero sin compartir los mismos principios
Tenía 17 años y un desencanto a juego. Y como los seres humanos no maduramos tan aprisa como los quesos, la mirada de Holden Caulfield, el joven protagonista de la novela El guardián entre el centeno, se mostraba desilusionada por los defectos de un mundo adulto que los adolescentes de su generación trataban de imitar. Las plantas también imitan....
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Ahí está el caso de la Boquila trifoliolata, capaz de lograr algo que ninguna otra especie conocida puede hacer: replicar el aspecto y el color de las hojas de otras plantas de su entorno sin necesidad de tocarlas. Hay malas hierbas que se ocultan entre una planta domesticada con el fin de prosperar a expensas de esta, algo muy humano, por otra parte. Es lo que se conoce como mimetismo vaviloviano. La hierba de corral temprana disimula su presencia en los campos de arroz gracias a su semejanza y al parecido de sus semillas. Otras plantas han desarrollado esta misma cualidad de componer una respuesta de supervivencia basada en el encubrimiento. Quizá el caso más conocido sea precisamente el del centeno, inicialmente una maleza mimética del trigo que acabó siendo sembrado como cultivo propio. Simular, fingir lo que no se es, tal vez lo que se quiere ser, es una maniobra frecuente de la naturaleza y, como parte de la misma, del Homo sapiens y sus circunstancias.






