Los yonkis pobres se largan jóvenes al cementerio. Pero si eres rico como Charlie Sheen puedes sobrevivir mucho tiempo en medio del perpetuo colocón

Conozco a numerosas personas, algunas de ellas impensables, que aseguran haberse puesto de acuerdo con la vida, y sentirse inmejorablemente desde que visitan cotidianamente el gimnasio y hacen yoga e incluso meditación. Me aconsejan con la mejor voluntad practicar esas actividades que a mi ignorancia le resultan esotéricas intuyendo el vacío de mi existencia. Y celebro que seres tan normales hayan encontrado refugio tan terapéutico, pero creo que si lo intentara me sentiría como un pulpo en un garaje. Y deduzco, cuando veo a tantos ancianos intentando pasear ...

en medio de calles tomadas por infinitas hordas enganchadas sin tregua a un teléfono y que tampoco piden excusas a los que atropellan, que otro recurso de los viejos para matar el infinito tiempo es sentarse durante múltiples horas delante del televisor. Droga muy chunga, capaz de embrutecer los sentidos y que provocaba alteraciones mentales y físicas bastante desagradables.

Y nunca debe haberse vendido tan barata en ese medio la odiosa y masiva publicidad. Escucho al desvergonzado presentador de un show de política y sanguinolencia aconsejándole al personal que está conectado: “No se vayan, no cambien de canal, que ahora viene publicidad de la buena”. Durante una época la lógica aplicó el calificativo de telebasura a ciertos programas. No fue una moda, sino que el virus ha infectado a todo el medio. La metodología y los contenidos son los mismos en todas las televisiones, ya busquen estas clientela progresista o facha. Y todo dios convencido de que ellos son los buenos y los otros los malos.