El retiro promete una “reconexión total” en una semana. Sus defensores hablan de catarsis; sus detractores, de un viaje demasiado abrupto hacia las propias heridas

Oprah Winfrey lo describió como “10 años de terapia en una semana”. Katy Perry aseguró que le salvó su vida ante una terrible depresión. Y Vogue París lo ha señalado como “uno de los mejores retiros de bienestar para sanar cuerpo y mente en todo el mundo”. Hablan del Método Hoffman, un programa intensivo de desarrollo personal, que según reza en su web oficial busca “establecer una relación más amorosa con los demás y con nosotros mismos a través de la inmersión en la propia infancia”. Sus detractores, sin embargo, lo ven lejos de ser un camino amable hacia la autorrealización. Para algunos, el retiro de ocho días es más una inmersión forzada en el sufrimiento que una vía rápida de transformación.

No fue la percepción de Rafael de Cárdenas. Un año después de terminar el proceso, el director creativo y diseñador afincado en Nueva York compartió en sus redes sociales su experiencia después de pasar una semana aislado con una veintena de extraños en la localidad californiana de Petaluma. “No siempre estoy agradecido o feliz, pero ahora puedo ver los patrones oscuros que me moldearon”, escribió en Instagram, en un testimonio donde habla de sentirse “crudo, vulnerable y expuesto”. En videollamada con ICON, De Cárdenas ha explicado que no llegó al método atravesando una crisis ni una ruptura vital. “Quería vivir con más gratitud; sentía que estaba siempre compitiendo. Lo que no sabía era que me iba a enfrentar a mí mismo, porque al final la obra a pulir eres tú”.