La investigadora, docente en las universidades de Columbia y Harvard, defiende abordar desde la arquitectura un rediseño del entorno digital para favorecer a los usuarios y no a las tecnológicas

Marina Otero Verzier (A Coruña, 44 años) es arquitecta y, en general, mujer de inquietudes inagotables. Solo este año su nombre ha figurado en cuatro exposiciones:

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o-que-arde.html" data-link-track-dtm="">dos en la Bienal de Arquitectura de Venecia, una en la Trienal de Milán y como diseñadora de Terrafilia, en el Museo Thyssen de Madrid, donde nos recibe esta mañana. Además, Otero es docente de Arquitectura en la Universidad de Columbia de Nueva York y en Harvard. Es en este centro de Cambridge donde se explaya en su mayor preocupación, lo que llama la intersección entre la infraestructura digital y la catástrofe climática.

La gallega tiene muy presente que el consumo de datos, que en el mundo real absorbe cantidades alarmantes de electricidad y agua potable, no para de crecer, incentivado por las grandes tecnológicas. Que con él se mutiplica la construcción de centros de datos que guardan los archivos de nuestros teléfonos y que conforman “la nube”. Y que la inteligencia artifical ha disparado este proceso y obligado a varias multinacionales a recular en sus compromisos medioambentables para los próximos años.