Trump y su círculo usan el execrable asesinato del ultra Charlie Kirk para amordazar la libertad de expresión
El execrable asesinato del comentarista ultraconservador Charlie Kirk el pasado día 10 en Utah es otro episodio de la violencia con armas de fuego que cada año mata a más personas en Estados Unidos que en el resto de los países del G-7 juntos. Aunque muchos se apresuraron a buscarle motivaciones políticas al asesino, la investigación todavía no ha encontrado pruebas concluyentes. Sin embargo, ello no ha impedido al trumpismo radicalizar su discurso en contra de la oposición y de cualquier organización progresista hasta poner contra las cuerdas un derecho consagrado nada menos que en la Primera Enmienda de la Constitución estadounidense: la libertad de expresión.
El lunes, el vicepresidente J. D. Vance, quien presentó el podcast semanal de Kirk en lugar de su amigo asesinado, incitó a la ciudadanía a denunciar a todos aquellos que, a su entender, “celebrasen” su muerte. En el mismo programa, el asesor presidencial Stephen Miller prometió poner “todos los recursos” a su disposición “en el Departamento de Justicia, el Departamento de Seguridad Nacional y en todo el Gobierno” para eliminar una supuesta “extrema izquierda” a la que, sin mayores precisiones, considera “terrorista” y, en parte, responsable del asesinato de Kirk.








