Iñaki Dufour |
Redacción deportes (EFE).- Cuando la proeza del Atlético de Madrid y Marcos Llorente causaba frustración en Anfield, Virgil Van Dijk se elevó por encima de Robin Le Normand, conectó el cabezazo ganador en el minuto 92 y arruinó la reacción del equipo rojiblanco, desfigurado por dos goles en los primeros cinco minutos, superviviente todo el primer tiempo, capaz después de igualar un 2-0 y doblegado de repente a última hora.
En cuanto se quitó los complejos en el segundo tiempo, después de una salida inexcusable, renacido por el 1-0 de Llorente al borde del descanso, el equipo de Diego Simeone sí compitió de verdad con el equipo que más ha invertido en fichajes, con un conjunto temible, contra el que recuperó el aspecto instante a instante. Insuficiente.
Minuto tres y medio. El primer golpe. Apenas 210 segundos de partido, apenas el primer ataque, una falta al borde del área para Salah y un golpe fatal que se transformó en un rebote decisivo. Primero en Andy Robertson, después en Pablo Barrios, directo a la portería de Oblak, descolocado y batido por la carambola. La peor forma de comenzar su partido 500 con el Atlético, en el escenario de su milagro en 2020.
Dos goles en contra








