La noche del lunes 1 de septiembre, el Movimiento de Liberación de Sudán (MLS) liderado por Abdulwahid al Nur, un grupo armado rebelde de Darfur, difundió un comunicado en el que confirmó la tragedia: el día antes, un gran deslizamiento de tierras en las montañas Marra, una zona bajo su control en el Estado de Darfur Central, había sepultado la aldea de Tarsin. Según la información preliminar difundida por el grupo, todos sus habitantes —más de 1.000 personas— habrían fallecido en el acto, con la única excepción de un superviviente.
A diferencia de lo que suele ocurrir en otras tragedias en Sudán, la noticia sobre el desastre de Tarsin se propagó rápidamente y fue recogida por los principales medios internacionales, que se apoyaron casi exclusivamente en el comunicado emitido por el MLS. Incluso el papa León XIV dirigió unas plegarias a las víctimas de las “dramáticas noticias que llegan desde Sudán, en especial de Darfur” durante una audiencia general celebrada dos días después.
Los dos principales bandos de la guerra en Sudán también reaccionaron con celeridad, a pesar de haber bloqueado sistemáticamente la asistencia humanitaria desde el inicio del conflicto. El gobernador de Darfur, Minni Minawi, aliado del ejército regular, reclamó una intervención internacional, mientras que el líder del Gobierno de las paramilitares Fuerzas de Apoyo Rápido, Mohamed al Taaishy, afirmó haber llamado a Al Nur para coordinar la emergencia.






