Los tetrápodos, los seres vivos con cuatro extremidades entre los que están los humanos, usan sus patas y manos para relacionarse con el entorno. Con ellas se mueven, persiguen o escapan, se alimentan o pelean por reproducirse. En los mamíferos, reptiles, aves y en mucha menor medida los anfibios, sus extremos tienen estructuras ricas en queratina. Toman la forma final de garras, pezuñas o uñas. Se daba por hecho que los roedores tienen de las primeras. Pero no, un amplio estudio publicado en
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6" target="_self" rel="" title="https://www.science.org/doi/10.1126/science.ads7926" data-link-track-dtm="">Science muestra que eso solo es cierto para cuatro de sus dedos. En el quinto, el pulgar, la mayoría tienen uña muy parecida a las humanas. Para los autores, ese dedo gordo diferente les ayudó a conquistar el planeta.
Los ratones y ratas pertenecen al orden de los Rodentia, como los castores, los topillos o los hámsters. Con algo menos de 2.500 especies, suponen el 40% de los mamíferos. Los hay en todos los continentes, salvo la Antártida. Se han adaptado a todos los entornos, habiendo terrestres como las capibaras, acuáticos como la rata almizclera, arborícolas como las ardillas o subterráneos, como el ratopín. Los científicos siembre han señalado a sus poderosos incisivos, que nunca dejan de crecer, como claves de su éxito: les permitieron ocupan un nicho alimenticio que el resto de mamíferos desdeñaba o no podía comer, los frutos y semillas de cáscara dura. Pero algo faltaba en esa explicación y han resultado ser las uñas.






