Hollow Knight: Silksong, lanzado el 4 de septiembre por Team Cherry, se ha convertido en un fenómeno global que arrasó en todas las plataformas, colapsando temporalmente tiendas digitales como Steam, Nintendo eShop, PlayStation Store y Xbox debido a la enorme demanda. En apenas minutos superó los 100.000 jugadores simultáneos en Steam y alcanzó un pico de más de 535.000 simultáneos el primer día, con más de tres millones de copias vendidas en pocos días y más de cinco millones de jugadores en su primera semana, incluyendo un millón a través de Game Pass, generando ingresos iniciales superiores a los 50 millones de dólares.

La crítica lo ha recibido con entusiasmo, con valoraciones excelentes en Metacritic y OpenCritic, y reseñas “Muy Positivas” en Steam. Su impacto ha sido tan grande que otros lanzamientos se retrasaron para no coincidir con él, consolidando a Silksong como uno de los mayores éxitos de la historia de los videojuegos indie y confirmando la fuerza de su comunidad global. Sin embargo, hay un aspecto del juego que ha hecho correr ríos de tinta, y es su elevada dificultad. Algunos dirían que es muy elevada, otros que es extrema, otros que es frustrante y otros que es directamente insufrible, pero no hay jugador al que el sucesor de Hollow Knight le parezca fácil.