A veces los proyectos artísticos, sencillamente, encallan. Quizá el ejemplo más famoso sean los libros de Juego de Tronos: han pasado 14 años desde que se publicó la última entrega (la quinta) y, si somos sinceros, es posible que la sexta parte nunca llegue a ver la luz. No hablemos ya de la séptima, que se supone que iba a poner fin a la historia. Colmada la curiosidad narrativa con la serie de televisión (2011 a 2019) y con las expectativas altísimas, es normal que al autor George R. R. Martin le asalten las dudas, la pereza y ...

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la presión. Hay muchos más libros (sin salir de la literatura fantástica, la tercera parte de El nombre del viento), películas (Francis Ford Coppola tardó aproximadamente 40 años en hacer Megalópolis), óperas, obras de teatro, pinturas y todo tipo de proyectos creativos anunciados y que han pasado muchos años en el limbo.

En el mundo de los videojuegos, sin embargo, estas cosas no suelen pasar. Básicamente, porque los videojuegos se cancelan. Nunca habrá noticias de una película que vaya tan mal o suponga tal despilfarro que sea cancelada, pero con los videojuegos las noticias de cancelaciones son comunes cada semana. Por eso ha sido tan sonado el caso del Hollow Knight: Silksong, uno de los juegos que más expectación ha levantado de los últimos años.