VUELTA A ESPAÑAETAPA 21

La Vuelta a España acabó antes de tiempo, sin podio y sin celebración. Un grito en defensa del pueblo palestino y puntuales brotes de violencia se impusieron sobre la carrera y la meta, el punto final, y previsible, después de tres semanas que han girado más alrededor de la política que del discurrir del evento deportivo. Todo comenzó con el rechazo a la participación en la prueba del equipo Israel-Premier Tech, que hasta el último día se ha mantenido en la carrera a pesar de las presiones a la organización, y al propio equipo, para que se retirara. Nunca ocurrió, y el remate fue esta caótica etapa en y por Madrid que finalizó con violencia, cargas policiales y sin ceremonia. Y que ha provocado una nueva tormenta política en el ya agitado ambiente nacional.

Una parte de los manifestantes consiguió impedir que la etapa final de la Vuelta a España terminara en la línea de meta en Cibeles. No era el propósito de otros miles de personas que, con banderas palestinas, pretendían mostrar su rechazo a la masacre que el Gobierno de Israel está perpetrando en Gaza. Pero fue suficiente la acción violenta en el centro de la ciudad, con el derribo de vallas y la invasión de la zona por donde debían pasar los ciclistas, para que la organización cancelara la última jornada tras solo 57 kilómetros recorridos. La imagen de los ciclistas, entre ellos la del líder y ganador de la carrera Jonas Vingegaard, con el pie al suelo por la zona de los Jardines del Moro, quedará para la historia, un suceso sin ningún precedente en una de las tres grandes pruebas por etapas, junto al Tour de Francia y el Giro de Italia. Mientras los ciclistas charlaban tranquilamente, rodeados de camiones de policías, de fondo se escuchaban, además de las sirenas, los cánticos de “Netanyahu, asesino” y “Palestina libre”. Muy pronto se vio que esta Vuelta no terminaría, como es tradición, al sprint en el centro de la capital, y que Jonas Vingegaard sería por primera vez un campeón sin fiesta.