Cae un incesable txirimiri en la Avenida de Galicia en El Barco de Valdeorras, inicio de la 17ª etapa de la Vuelta, y ya se sucede el goteo de los autocares de los equipos. Todo en calma, aunque el del Israel-Premier Tech está parapetado por dos coches de policía, pues no se sabe qué puede ocurrir. Ya le han lanzado tomates al cristal del mismo modo que a los ciclistas les han fastidiado un par de noches en los hoteles. Además, en cada etapa se suceden los altercados. Es el derecho a manifestarse del ciudadano y son las protestas de los activistas en favor de Palestina, ahora que el Gobierno de España ya habla del genocidio en la Franja de Gaza. Un clamor para tratar de expulsar al equipo de Sylvan Adams, propietario del Israel-Premier Tech, canadiense y sionista, íntimo también del primer ministro Benjamin Netanyahu, con quien actúa de herramienta para lavar la imagen que proyecta el país en el exterior, como evidenció al poner millones y millones para que el Giro de 2018 saliera desde Jerusalén. Pero, en ocasiones, las protestas son peligrosas y eso preocupa al pelotón al completo, que ya no mira al asfalto, sino que tiene que atender a lo que pasa en las cunetas, por si acaso. Y por eso los corredores lanzaron un ultimátum este miércoles.