La pobreza energética afecta a aquellas familias que no pueden tener una adecuada temperatura en el hogar, normalmente por tener bajos ingresos y viviendas ineficientes, y no poder hacer frente a la factura eléctrica. Hasta ahora, se consideraban como vulnerables las viviendas que no podían mantener el calor en invierno. Pero el cambio climático y las olas de calor cada vez más intensas que propicia han llevado al Gobierno a plantear modificar los indicadores para medir también la pobreza energética estival. El borrador de la nueva Estrategia Nacional de Pobreza Energética, al que ha tenido acceso EL PAÍS, analizará cómo garantizar el consumo energético frente a las altas temperaturas y planteará que las ayudas al autoconsumo eléctrico y a la rehabilitación energética se otorguen a colectivos vulnerables.

El documento del Ministerio para la Transición Ecológica, que el Ejecutivo pretende aprobar antes de fin de año, cuenta con un apartado centrado en el efecto del cambio climático en España, donde analiza que España presenta una elevada vulnerabilidad al efecto isla de calor, dado que cerca del 81% de la población reside en entornos urbanos. Y, por primera vez, define la pobreza energética estival, “que se refiere a la dificultad de mantener la temperatura interior adecuada durante los meses de calor, que está profundamente relacionada con la pobreza energética en sentido amplio”.