“Hace ocho años perdí a mi hija Naroa de 14 años por suicidio”, comienza relatando Iñigo Recalde. Fue entonces cuando este vecino de Getxo (Bizkaia, 79.000 habitantes) comenzó a “buscar información sobre por qué suceden estas situaciones”. Se acabó incorporando a la asociación Getxo Bihozbera, impulsora de un programa de prevención de la conducta suicida. Ahora, Recalde y otro grupo de personas voluntarias hacen...

guardias en el mismo punto donde su hija se quitó la vida —un popular espacio natural y costero del municipio— para que la historia siga repitiéndose.

Su misión principal es “proteger” esta ubicación con “puntos de escucha”, es decir, con presencia para comprender a quien está sufriendo, atravesando un duelo o preocupado por alguien de su entorno. Este miércoles, en el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, viajaron hasta la sede del Ministerio de Sanidad para mantener una reunión con sus dirigentes políticos, a quienes pedirán más recursos.

Cuando este grupo no está desplegado por Getxo, las farolas del paseo peatonal y las traseras de las señales recogen su testigo gracias a decenas de pegatinas con recursos de ayuda. Además, los cines del puerto deportivo de la localidad proyectan un pequeño vídeo de sensibilización antes de cada sesión. Según diversos estudios médicos, si una persona recibe un mensaje de ayuda durante el periodo de una crisis de conducta suicida, el intento puede evitarse en hasta un 80% de los casos.