En la publicación se veía a una mujer dispuesta a acabar con su vida. En el vídeo, de apenas unos minutos, la usuaria toma pastillas que mezcla con alcohol mientras asegura mirando al objetivo que no quiere seguir viviendo. Saltan las alarmas de TikTok. El mecanismo se pone en marcha. La publicación se adjunta en un correo que llega a los ojos de un grupo de investigadores de la Policía Nacional. Los siete agentes se activan de inmediato. Hay que encontrar a la mujer, saber si está en buen estado, alertar a su familia. El tiempo corre. En apenas unas horas, dan con una posible ubicación, un pueblo en el corredor del Henares, en Madrid. Avisan a la Guardia Civil, el cuerpo competente en esa demarcación. Mantienen la conexión telefónica durante todo el trayecto, hasta que llegan a la casa y los agentes observan a la mujer inconsciente a través de un ventanuco. Tiran la puerta abajo y avisan a Emergencias. Tras unos días en coma, la mujer recobra la consciencia.

Los policías que han localizado a contrarreloj a la mujer pertenecen a la unidad de Redes de la Brigada Central de Investigación Tecnológica. La imagen del patrullero agarrando en el último momento al suicida a punto de tirarse por un puente ahora se ha trasladado al mundo virtual. Por eso, desde 2018, el cuerpo cuenta con dos grupos especializados en encontrar a ciudadanos que han mostrado en sus redes sociales su voluntad de acabar con su vida o de autolesionarse para comprobar que se encuentran bien y alertar a su entorno. “Salvamos la bola de partido”, sintetiza el inspector Óscar, el jefe de uno de los dos grupos. Sus intervenciones sirven muchas veces como alerta para el entorno del posible suicida, que muchas veces es ajeno a la realidad de su ser querido, a lo que está sucediendo en la habitación de al lado.