VUELTA A ESPAÑAETAPA 17
Antes de que se cerraran las calles para que los autocares de los equipos de la Vuelta aparcaran en El Barco de Valdeorras, varios ramilletes de policías y guardias ya vigilaban la zona. “Esperamos que la etapa de hoy sea más tranquila porque nos hemos reforzado todavía más, pero si estamos aquí es por algo”, contaba un Guardia Civil pertrechado con un par de armas que asustaban, por más que su discurso fuera de lo más amable. Lo decía porque ya les han advertido que habría dos manifestaciones en la salida. Una protesta por los bosques quemados, tragedia que todavía asola a una región que con la lluvia destila olor a chamuscado, montañas negras y peladas, tristeza por lo que un día fue; y otra a escasos metros de la partida, esta en favor de Palestina y contra el genocidio israelí en Gaza, focalizados en tratar de expulsar de la competición al equipo Israel-Premier Tech. Pero, por una vez, la cosa no pasó a mayores. Alivio, que no relajación porque, señalaba otro policía, ya les habían advertido que podía haber más marejada por delante. Además, claro, de las inclemencias temporales, pues en el Alto de El Morredero se daban rachas de viento de más de 50 km/h, índices exagerados que no permitirían el rodar normal del ciclista. “Nada, nos han dicho que llegaremos al final, que cuando lleguemos habrá amainado”, explicaba un director deportivo de uno de los equipos que lucha por la general. Y así fue, al final victorioso un Pellizzari que se come el mundo a bocados, joven y con motor, escalador de futuro brillante. Por detrás, Vingegaard y Almeida, que apenas tienen fuerzas, que ya se les ve las costuras.














