Una derrota electoral por más de 13 puntos de diferencia es cosa seria. Y mucho más si el rival es el peronismo kirchnerista, al que durante meses se prometió aniquilar al grito de “Nunca más”, una alusión al informe que en 1984 registró los crímenes de la dictadura argentina. Javier Milei, el derrotado, se enfrenta a un terremoto político tras los resultados de este domingo en las legislativas en la provincia de Buenos Aires. Esperaba una elección pareja y

afia-la-gobernabilidad-de-milei.html" data-link-track-dtm="">perdió por más de un millón de votos. El lunes, su Gobierno fue un hervidero de versiones de cambios en el Gabinete, mientras dentro de la Libertad Avanza, su partido, se activó un todos contra todos en busca del padre, o la madre, del varapalo en las urnas.

Milei reunió a sus ministros temprano por la mañana del lunes y luego después otra vez por la tarde. Los anuncios tuvieron olor a poco: el reflote de una “mesa política” que ya existía, pero no se reunía, integrada por el presidente, su hermana Karina, el asesor Santiago Caputo y algunos ministros. Y también la novedad de que se abre un espacio de diálogo con los gobernadores, que tras apoyar, en su mayoría, la gestión del Gobierno lo abandonaron antes de las elecciones por sentirse traicionados por el presidente. El gobernador de Salta, Gustavo Sáenz, lo dejo claro en una entrevista este lunes: “Son como palomas de iglesia. Cagan a todos los fieles”.