Javier Milei ha convertido una elección menor, la de legisladores y concejales locales, en una batalla a todo o nada contra el peronismo kirchnerista, plétora del mal en Argentina, según su lectura de la política. La cita es este domingo en Buenos Aires, la provincia más grande y más poblada del país, y también el último refugio de los herederos de Juan Perón, encarnados en Axel Kicillof, el gobernador, y Cristina Kirchner, dos veces presidenta y ahora presa en su casa por corrupción. Los sondeos dan un empate técnico, como recuerda Milei, aunque en todas las proyecciones la diferencia mínima es a favor del peronismo.
“Si conseguimos muy buenos resultados en las elecciones de provincia de Buenos Aires, podríamos estar poniéndole el último clavo al cajón al kirchnerismo”, insistió una y otra vez Milei durante la campaña, la última esta misma semana, durante una entrevista con Louis Sarkozy, hijo del expresidente francés. La apuesta por Buenos Aires es de altísimo riesgo para el libertario. Por tratarse de una elección local, el poder territorial de los intendentes de los 135 municipios provinciales pesa más que el arrastre que pueda tener una figura nacional. Casi siete de cada diez bonaerenses viven en localidades gobernadas por el peronismo.






