Este 10 de septiembre el Congreso tiene una cita con la historia. Ese día se votará la tramitación del proyecto de ley de reducción de jornada a 37,5 horas semanales sin merma salarial, y se debatirán las enmiendas a la totalidad de PP, VOX y Junts. Si esas enmiendas prosperan, la sociedad se quedará sin un debate crucial sobre el país que que...
remos ser y el modelo de relaciones laborales que necesitamos para afrontar los desafíos del siglo XXI.
Porque no nos engañemos: el debate sobre el tiempo de trabajo va mucho más allá de reducir 2,5 horas semanales en el art.34 ET. En realidad, el impacto cuantitativo es limitado: la jornada media pactada en la negociación colectiva ya está en 38,3 horas. Lo verdaderamente trascendente no son los minutos: lo que está en juego es el modelo de sociedad que queremos construir. ¿Queremos adaptar nuestras relaciones laborales al siglo XXI, o vamos a seguir anclados en un mundo que ya no existe?
Basta con mirar atrás: en 1983 no había ordenadores en los hogares, no existía internet, la inteligencia artificial era ciencia ficción y la globalización apenas se intuía. Hoy trabajamos conectados a redes globales, la tecnología ha roto las fronteras y los modelos productivos han cambiado radicalmente. El número de mujeres ocupadas se ha triplicado, pero persisten desigualdades, especialmente en las jornadas de los sectores más feminizados.







