Aunque el vuelo directo a Lima partió y llegó sin demoras ni contratiempos, aterrizar en la ciudad natal tras seis años lo deja a uno con la sensación de haber perdido algo en el tiempo. En este caso, solo fue una especie de escala, porque el destino principal no era la capital de Perú, sino

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lpais.com/elviajero/2018/03/08/actualidad/1520505022_738310.html" data-link-track-dtm="">Cusco, la laguna de Piuray y un pueblito llamado Corcor del que habíamos oído bastante.

La ruta comenzó en el JW Marriott El Convento Cusco, un hotel que está levantado sobre el antiguo convento colonial de San Agustín, del siglo XVI. Cuidadosamente restaurado, los visitantes pueden hacer un recorrido sobre las ruinas incas y preincas sobre las que fue construido el alojamiento en unas rutas breves denominadas el Tour del Monje, gratuitas y abiertas no solo a los huéspedes, sino al público general.

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