El periodismo es pielroja: “Hacen falta mil voces para contar una historia”, según un dicho de esos indios norteamericanos. No son mil, pero hasta una veintena de fuentes consultadas para esta especie de crónica, que quería ser un perfil, resumen el Estado de la Unión en una sola palabra: Trump. El trumpismo atraviesa todas las conversaciones. Y, sin embargo, no es solo Trump. El problema de Europa es que promete por encima de sus posibilidades y ejecuta por debajo de las expectativas. Y que en esa zona gris en la que se ha instalado no hay liderazgo, y las instituciones europeas –y en particular la Comisión, el brazo ejecutivo— pecan de falta de ambición en agendas como la política de seguridad y defensa, las negociaciones comerciales o el impulso al mercado único.
Había planes sobre la revolución verde y digital: se han diluido. Había promesas para una Europa por fin geopolítica: nada reseñable todavía. Había que ponerse las pilas con las políticas de defensa y seguridad: siguen siendo un montón de remiendos mal cosidos. Había que reforzar el mercado único con las casi 400 medidas del plan Draghi: la hoja de servicios es como aquel óleo famoso, Blanco sobre blanco. La jefa de la Comisión, la muy alemana Ursula von der Leyen, se somete esta semana a su gran examen de legislatura con el discurso sobre el estado de la Unión tras el fiasco de la negociación comercial con Trump, plasmada en aquella foto en Escocia con los pulgares en alto que parece La rendición de Breda.







