Invertir en Bolsa es para muchos sinónimo de pelotazo: si eres avispado en unos meses puedes duplicar tu dinero. Pero nada más lejos de la realidad, incluso en un año como el actual, que deja ganancias de más del 20% en numerosos índices. Conseguir una rentabilidad media anual no ya del 100% —que sería duplicar la inversión— sino de más del 10% es extremadamente difícil. Eso, sin descontar la inflación. Tan solo un puñado de gestores lo logra. Y en España, prácticamente ninguno.

Si esta es una mala noticia, aún hay otra peor. Las previsiones futuras de retornos de las acciones son cada vez menores. También en el caso de los mercados privados, tan en auge en la actualidad con el capital riesgo, la deuda privada o la inversión en infraestructuras. Los rendimientos del 25% anual son cosa de los 90. Ese nivel de rentabilidad ya solo aparece en el arriesgado universo de las criptomonedas.

Los datos hablan por sí solos. El mercado de acciones más rentable a lo largo de la historia ha sido la Bolsa de Estados Unidos. Aun así, su retorno medio anual desde 1965 ha sido del 9,9%. Y se trata de un índice. Si alguien quisiera invertir, ya sea directamente o a través de un fondo, tendría una serie de gastos y comisiones que minorarían ese rendimiento.