En la década de 1920, el palacio del banquero judío Franz von Mendelssohn, en el frondoso barrio de Grunewald, fue un destacado centro de la vida cultural de Berlín. El sobrino nieto del compositor Felix Mendelssohn organizaba allí veladas de música de cámara con pianistas de renombre como Artur Schnabel y Edwin Fischer, así como con célebres aficionados a la música, entre ellos Max Planck y Albert Einstein. Socio del banco Mendelssohn & Co., Franz poseía una valiosa colección de instrumentos antiguos, entre los que sobresalía el violín stradivarius Mendelssohn de 1709, que cedió a su hija, la violinista Lilli von Mendelssohn-Bohnke. Ella lo interpretaba en el cuarteto familiar junto a su padre y su esposo, el compositor y violista Emil Bohnke.
Un trágico accidente de coche puso fin prematuramente a la vida de Lilli y Emil en mayo de 1928, dejando tres hijos pequeños. Tras la desgracia, Franz depositó el instrumento en una caja de seguridad de su propio banco, después de obtener en 1930 un certificado de autenticidad. La llegada de los nazis al poder en 1933, su muerte dos años más tarde y la liquidación del banco, considerado un negocio judío por el Tercer Reich, hicieron que el violín acabara en la antigua sede del Deutsche Bank en Mauerstrasse. Al parecer, de allí fue robado en 1945 por las fuerzas de ocupación soviéticas, aunque también es posible que hubiera sido sustraído por los nazis antes de la caída de Berlín.






