La fotografía de Salvador Illa y Carles Puigdemont reunidos en Bruselas, el pasado lunes, ha tenido tantas lecturas como interrogantes alberga el contenido real de su conversación. Pero si hay algo seguro es que el apretón de manos que ambos exhibieron

62918.html" target="_self" rel="" title="https://elpais.com/elpais/2019/10/16/album/1571224137_062918.html" data-link-track-dtm="">era impensable hace muy pocos años. La reunión entre el actual presidente de la Generalitat y el expresident a más de 1.000 kilómetros de distancia de Barcelona certifica el nuevo tiempo político en Cataluña y apuntala, no sin pocas incógnitas, la apuesta socialista por regresar a la normalidad política y social tras la etapa frenética del procés.

La Diada de este jueves será un termómetro en esa distensión, mientras el eje de la polarización territorial se desplaza a Madrid y otras comunidades autónomas en manos del PP, que ahora recurren a la confrontación en torno a la identidad o la financiación para imponer su agenda.

“El clima político en Cataluña no es el mismo de hace cinco años”, certifica Belén López, secretaria general de CC.OO. de Cataluña. “Por fin, en el centro de la agenda política y social se ubican los temas a los que es necesario dar respuesta, como el acceso a la vivienda”, explica. Esa apuesta por la política cotidiana también tiene reflejo en las encuestas. Entre 2017 y la pandemia, la relación entre Cataluña y España encabezó de forma ininterrumpida el listado de preocupaciones ciudadanas recogidas por el Centre d’Estudis d’Opinió (CEO) de la Generalitat. Llegó a obtener un 39%, mientras que el pasado julio ocupaba la quinta posición (5,6%), casi empatada con el desempeño de la economía. El acceso a la vivienda está ahora en cabeza, con más de dos de cada diez encuestados.