En la tensa relación que mantienen el PSOE y Junts per Catalunya se han sucedido las reuniones, lo mismo en Madrid que en Suiza, para buscar puntos de acuerdo que ayuden a engrasar el trato entre las dos partes. Pese a todo, una imagen puede valer más que todas las palabras. La fotografía de una reunión entre Pedro Sánchez y Carles Puigdemont tiene capacidad para abrir puertas y ventanas que ayuden a oxigenar las lealtades y, de paso, dar aire a la legislatura. Ambos bandos han reconocido interés en el encuentro, pero la cita sigue pendiente desde hace meses. La lista de motivos alegados para retrasar el retrato es diversa y la incógnita se centra ahora en ver si caben más pretextos o si, por contra, las necesidades comunes propiciarán que las agendas se despejen más pronto que tarde.

Antes de irse de vacaciones, el presidente del Gobierno cerró el curso político señalando que no pone vetos a sus relaciones: “Me voy a reunir con todos los interlocutores políticos”, dijo. Resiste ante los envites cada vez más ensañados de PP y Vox, pero está necesitado de apoyos para mantenerse a flote en el Congreso y para desatrancar asuntos clave, como los presupuestos para el año 2026. Sobre el papel, un hueco de esa planificación tiene que ser para Carles Puigdemont. “La ley de amnistía precisamente es para superar la situación que se vivió en 2017, este es un país que mira hacia delante, y me reuniré con todos ellos, para tratar estos temas y otros muchos”, concretó Pedro Sánchez.