Septiembre llega con la ilusión del nuevo curso escolar y los nuevos inicios. Pero también trae un montón de carga sobre lo que deberíamos haber conseguido tras las promesas de la noche del 31 de diciembre de 2024, y que no hemos logrado.
Pasamos de tener una alimentación relajada, en la que comer un helado está bien si es 31 de agosto, pero que, pasado el 1 de septiembre, es un auténtico despropósito y una falta de responsabilidad hacia tu salud. Septiembre viene con prisa y urgencia, como si fuera una puesta a punto global que muestre tu fuerza de voluntad y tu capacidad de sacrificio. Gracias a las redes sociales, ahora los propósitos no son individuales, sino colectivos. Es muy fácil verse atrapado por todas las exigencias del inicio de curso escolar de otro, sumadas a las tuyas propias.
En este mes reaparecen —porque nunca se fueron— los retos postvacacionales, el glow up, las dietas exprés, los détox y los ayunos.
Quiero alertarte de que las llamadas “dietas milagro” están en su momento álgido: aquellas que proponen una pérdida elevada de peso en un tiempo corto. Son dietas que se caracterizan por eliminar un gran grupo de alimentos, sin supervisión ni revisión nutricional, y no exentas de riesgos. Hay unos grupos de dietas, en concreto, especialmente peligrosas para la trampa de la pérdida rápida de peso.







