El subidón bursátil del año 2023 engordó las cuentas de los inversores, pero también disparó los bienes que las grandes fortunas de España declaran cada año a Hacienda. La base imponible del impuesto sobre el patrimonio, que es el dinero total del que disponen las casi 230.000 personas que atesoran más de tres millones de riqueza, alcanzó en aquel ejercicio los 934.020 millones de euros...
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. Es una subida de 70.000 millones respecto al ejercicio previo, la más abultada de toda la serie histórica si se excluye la relativa a 2021 debido al efecto de la pandemia. De ese aumento, el grueso ―unos 65.000 millones― tiene un origen claro: la revalorización de los activos financieros.
El capital mobiliario, donde se incluyen acciones, participaciones, fondos, bonos y depósitos bancarios, se consolidó así como el núcleo de la riqueza de los contribuyentes más acaudalados. Según los datos de la estadística que actualizó esta semana la Agencia Tributaria, estos activos alcanzaron en conjunto los 708.884 millones de euros, aproximadamente tres cuartas partes del total declarado y un aumento anual del 10%.
La evolución contrasta con la del resto de componentes que conforman la cesta de patrimonio total. Un claro ejemplo son los bienes inmuebles. Esta categoría, donde se incluyen viviendas principales, segundas residencias o fincas, es la segunda por peso total sobre la riqueza, aunque a mucha distancia de la inversión. Sumó 172.989 millones, apenas 5.000 millones más que un año antes (una subida del 3%). El resto del patrimonio se reparte entre seguros, rentas vitalicias, actividades económicas o bienes suntuarios (joyas, yates, coches de lujo...), partidas mucho más estables en la serie y con escaso impacto en el crecimiento global.






