Hay lugares en Madrid que se guardan casi por instinto: la Quinta de los Molinos es uno de ellos. El Consejo de Gobierno de la Comunidad de Madrid ha aprobado este miércoles declarar la finca, un parque de Canillejas famoso por sus almendros en flor, Bien de Interés Cultural (BIC) en la categoría de Patrimonio Histórico por su “elevado valor histórico, urbanístico, paisajístico y botánico”.

La Quinta, en el número 257 de la calle Alcalá, forma parte, junto a Torre Arias y El Capricho, del eje de quintas que jalonaba la antigua carretera de Aragón. El objeto de protección ampara todo el conjunto: las formaciones vegetales, los jardines y la zona agrícola con su sistema hidráulico de riego y las construcciones que le dan cuerpo. En el inventario figuran el Palacete de Cort —resultado de las reformas de César Cort entre 1939 y 1954 sobre una estructura anterior—; la Casa del Reloj, en la entrada; las antiguas cocheras y almacenes; la lavandería; la pista de tenis y el invernadero.

El trazado y las formas del jardín hablan de épocas y estilos: la sucesión de espacios ajardinados alrededor del inmueble principal, con jardines geométricos que se relacionan con las fachadas, remiten a los preceptos del secesionismo vienés. El parque municipal tomó su nombre de los singulares molinos de viento que llegaron desde EE UU en los años veinte para extraer agua de los pozos. En 1943 se impulsó un proyecto de reforma y ampliación que incorporó una portería y un frente en la calle de Alcalá, y con el tiempo se fueron anexando fincas hasta alcanzar las 29 hectáreas en su apogeo.