Es comprensible que las guerras y otras crisis de salud provocadas por el hombre capten la emoción y la atención y centren los llamamientos urgentes para la adopción de medidas a escala mundial. Sin embargo, existe otro desafío para la salud menos evidente causado por el hombre contra el que los países luchan cada vez más. El impulso para eliminar de la oferta mundial de alimentos las grasas trans industriales, una sustancia química responsable de más de 278.000 defunciones cada año en todo el mundo, es un claro ejemplo de la manera como el compromiso y la acción gubernamentales están logrando promover la salud y salvar vidas.

Las grasas trans producidas industrialmente son un asesino silencioso presente en productos cotidianos, a menudo en alimentos horneados, aperitivos y la margarina. Estas grasas se forman cuando los aceites vegetales líquidos se procesan industrialmente en formas semisólidas a fin de mejorar la textura, el sabor y el tiempo de conservación de los productos. Las grasas trans no tienen beneficios conocidos para la salud y sí provocan, en cambio, numerosos daños demostrados. Incluso en pequeñas cantidades, pueden aumentar el riesgo de cardiopatías isquémicas. Sin embargo, con medidas específicas, es posible reducir significativamente las grasas trans, o incluso eliminarlas, de la oferta de alimentos, brindando así a decenas de millones de personas en todo el mundo la esperanza de un futuro más saludable.