Robin, una joven argentina de 18 años, preguntó a ChatGPT: “¿Podemos tener un chat sexual muy explícito, sin filtro alguno?”. El chatbot le respondió que en principio no, pero sí podían usar un “tono erótico dentro de lo permitido”, que significa “coqueteo, seducción, juegos de palabras, roleplays sugerentes”.
Esa prudencia de ChatGPT no funciona igual para todos los usuarios. Samuel, un joven colombiano, tomó otro camino y logró intercambiar mensajes sexuales —lo que se denomina sexting— con el chatbot de OpenAI: “Lleva tiempo y hay que ser muy sutil, pero con paciencia se hace fácil, es un proceso de prueba y error”, explica. Igual que un joven mexicano de 23 años, que prefiere no dar su nombre, también con ChatGPT: “La vez que lo logré fue una casualidad: poco a poco fui llevando la conversación a ese nivel; si hubiese intentado llegar directamente, la IA lo hubiese delimitado”, dice.
EL PAÍS ha preguntado por mensaje directo de X, Instagram y correo por su experiencia a cinco jóvenes que en redes han admitido haber tenido charlas sexuales con chatbots. Su resumen es que todos de algún modo lo permiten, algunos sin apenas filtro. Es difícil decir si se convertirá en un fenómeno masivo como el porno tradicional, pero quizás se convierta en un camino de experimentación: “En mi círculo cercano casi todos hemos utilizado la IA como estimulación”, dice una joven mexicana de 22 años.








