Nunca hay tiempo que perder en el festival de Venecia. La programación rebosa películas fascinantes, muchas se solapan y toca elegir. El peor error, eso sí, solo conlleva perderse una obra maestra. Una pena, pero asumible para el planeta. En la pantalla de la Mostra hoy martes, en cambio, se tomaban decisiones trascendentales. Y con menos margen aún: solo 19 minutos, hasta que un misil nuclear destruya la ciudad de Chicago. Toda la cadena de mando de EE UU se sabe el protocolo para emergencias de memoria, pero esta vez la amenaza es real. Deben resolver a contrarreloj: espera o represalia, prudencia o apocalipsis atómico. Técnicos, funcionarios, secretarios y el mismísimo presidente sopesan las opciones para salvar el mundo. Y, a la vez, cada uno a los suyos: hasta en medio de tal caos se saca el tiempo para avisar a casa.
Con todo ello, A House of Dynamite, el regreso al cine de Kathryn Bigelow, impactó de lleno sobre el certamen: se hizo esperar ocho años, pero trajo un bombazo. No dejó dudas fílmicas, sino existenciales. Ya van unos cuantos largos que destacan la imbecilidad humana. Como para echarle una pensada. O hacérnoslo mirar.
“He crecido en una era donde esconderse bajo tu pupitre era el protocolo para sobrevivir a un ataque nuclear. Así de inmediato se percibía. Desde entonces, la amenaza solo ha escalado, y aún así ha prácticamente desaparecido de la conciencia pública. Varias naciones poseen un arsenal suficiente para terminar con la civilización en minutos, pero existe un cierto adormecimiento”, ha asegurado la directora en Venecia. Tal vez su película, que tendrá un pase limitado por cines y estará en Netflix el 24 de octubre, cambie algo la percepción.











