La instantánea del día en el que Donald Trump firmó la ley sobre stablecoins en Estados Unidos el pasado 18 de julio muestra a decenas de hombres trajeados y sonrientes aplaudiendo. Entre ellos, grandes nombres de la industria cripto: los gemelos Winklevoss, el CEO de Tether, Paolo Ardoino, Brian Armstrong de Coinbase, Jeremy Allaire de Circle. La euforia era palpable y se percibió también en el mercado, con las principales criptomonedas acercándose a máximos. Pero un mes después aquella alegría queda rezagada. El Genius Act, la primera ley en regular el mercado en el país, representa un paso adelante y todos los sectores lo reconocen. No obstante, se detectan ya los primeros fallos. La gran banca ha pedido a los legisladores corregir la normativa y prohibir a cualquier entidad el pago de intereses para la tenencia de stablecoins, un tema que ha elevado el pulso con las empresas cripto.
La ley Genius establece que “ningún emisor autorizado de stablecoin podrá pagar al tenedor de una moneda estable ninguna forma de interés o rendimiento (ya sea en efectivo, en tokens u otra contraprestación), únicamente por la tenencia, uso o retención de dicho activo". En este punto, las entidades financieras detectan un vacío legal: aunque se prohíbe a los emisores, otros actores como exchanges, intermediarios y corredores de Bolsa que actúan como canales de distribución de estos activos pueden seguir ofreciendo recompensas a los usuarios, eludiendo los requisitos de la ley.






