Las propuestas de sanciones alternativas para presionar al Gobierno de Benjamín Netanyahu para que frene su brutal ofensiva en Gaza, incluido un extenso “plan de acción” presentado por España, no paran de apilarse sobre la mesa de la alta representante para Política Exterior de la UE, Kaja Kallas. Cada vez son más los Estados miembros que respaldan —como lleva tiempo reclamando Madrid— la posibilidad de suspender al menos el capítulo comercial del acuerdo de asociación con Israel, sancionar a los ministros israelíes que saboteen la solución de dos Estados (que sí es posición oficial europea) o bloquear la entrada a Europa de productos de asentamientos ilegales.
Pero para frustración de muchas capitales y de la propia jefa de la diplomacia europea, todavía no se dan los votos suficientes para que alguna de estas medidas, ni las más tímidas del catálogo, se conviertan en posición común de la UE. “No hay manera de endulzar la situación en la que nos encontramos: una amplia mayoría de Estados miembros han dado más ideas (…) pero está claro que hay divergencias sobre cómo lograr que el Gobierno israelí cambie el rumbo”, ha resumido Kallas, que no ocultaba su “frustración” por el impasse europeo más de un mes después de que presentara las “opciones” de sanciones tras haberse constatado, oficialmente, que Israel está violando sus obligaciones de derechos humanos que rigen el acuerdo bilateral con la UE.






