Ya podemos imaginar que Pedro Sánchez no irá a Argentina a acusar a Javier Milei de abrazar una ideología cancerígena y de estar con una persona corrupta, como hizo él en Madrid saltándose las normas del respeto, la presunción de inocencia y hasta la educación, pero —según los códigos del presidente argentino— podría hacerlo ipso facto. El escándalo de los sobornos que presuntamente se embolsa Karina Milei por la compra estatal de medicación para discapacitados ha estallado y desató esta semana un ataque violento que obligó a evacuar al presidente argentino y a su hermana. La justicia dirá, aquí vamos a hablar de política.
Aún hay diferencias colosales entre políticos que saben respetar al contrario y guardar las formas de la democracia y los que hacen bandera de lo contrario, como Milei y Trump. O eso era al menos el paradigma hasta el momento, porque también esto empieza a cambiar.
La figura emergente en el Partido Demócrata ha saltado a la arena trumpista y ha decidido combatir con sus propias armas. Es interesante, temerario, arriesgado. Gavin Newson, gobernador de California, ha empezado a comunicar como el presidente para ridiculizarle y para ganar eficacia: “CALIFORNIA DIBUJARÁ NUEVOS Y BELLOS MAPAS QUE SERÁN HISTÓRICOS YA QUE ACABARÁN CON LA PRESIDENCIA DE TRUMP”, escribió estos días en redes. Imita así sus mayúsculas estridentes, su verborrea simplista, su tono dictatorial e infantil y lo combina con imágenes mayestáticas creadas por IA sobre sí mismo, como hace Trump.






