Tres veces diputado nacional, Fernando Iglesias anticipó en Argentina una forma de hacer política que el presidente ultra convirtió en hegemónica
Es posible que el estilo para hacer política de Fernando Adolfo Iglesias se haya gestado en la mesa familiar de los domingos, durante su infancia en el conurbano de la ciudad de Buenos Aires. Los niños no disponían de mucho margen para hablar y, para ser tenido en cuenta, había que colocar una frase corta y filosa: hacerse ver. El flamante embajador argentino ante Bélgica y la Unión Europea hizo de la verba explosiva su sello y llega a Bruselas con un perfil que contrasta con la sobria diplomacia comunitaria.
“Qué pasó con Bugs Banny?”, ironizó ya desde su silla de embajador cuando buena parte de América comentaba la presentación de Bad Bunny en el Super Bowl. "Vai trabalhar, vagabundo“, respondió desde ese mismo sitio a un comentario del expresidente Alberto Fernández. “Ser kirchnerista es padecer un déficit de lectocomprensión, básicamente”, descerrajó contra un usuario ignoto.
Pero Iglesias asegura conocer muy bien el nuevo mundo que habita y, además, se considera un hombre versátil: “Yo me desempeño de acuerdo a mis funciones. Cuando soy diputado, soy diputado; cuando fui presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Congreso, me comporté como un presidente de una comisión, y ahora me voy a comportar como corresponde, como un diplomático con funciones importantes para mi país”. “Por supuesto —aclara—, poniéndole mi estilo”.






