Javier Milei ya no habla de “zurdos de mierda”, “mandriles sodomizados” ni “parásitos mentales”. Tampoco vincula la homosexualidad con la pedofilia. Ni siquiera proclama que el suyo es “el mejor Gobierno de la historia de la humanidad”. El presidente argentino ha moderado el tono de una forma brutal, incluso cuando está entre los suyos. Los invitados a la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC, por sus siglas en inglés) ce...

lebrada este martes en Asunción esperaban ver al personaje de siempre, vociferando con voz ronca y blandiendo una motosierra, pero se encontraron con un político de hablar monocorde y palabras medidas. Milei defendió su política de superávit fiscal, celebró la bajada de la inflación y poco más. “¡Viva la libertad, carajo!” gritó para cerrar, como de costumbre, en la única ráfaga del Milei que todos conocen.

El Milei moderado es fruto de una necesidad política. El domingo 7 de septiembre, su partido, La Libertad Avanza, sufrió una derrota electoral durísima en las legislativas de la provincia de Buenos Aires. El presidente había prometido “arrasar” en ese bastión del peronismo, pero perdió por más de 13 puntos, un millón de votos. El mensaje quedó claro: buena parte del electorado, sobre todo en las capas más pobres, sufre las consecuencias del ajuste fiscal y la bajada de la inflación ya no es suficiente para ganar votos. El 26 de octubre, Argentina renueva parte del Congreso en elecciones legislativas de mitad de mandato y Milei no puede volver a perder.